Éxito y fracaso son dos realidades que pueden darse en diferentes grados a lo largo de la vida laboral de un trabajador. En ocasiones, se dice que se aprende mucho más del fracaso que del éxito, pero en AgioGlobal estamos seguros que el hacer de esta afirmación una verdad absoluta puede tener sus riesgos porque muestra el masoquismo de restar valor al triunfo y dar un peso dramático a la derrota.

Solemos llamar fracaso al resultado fallido y frustrante de unas expectativas: algo que tenía que suceder no sucede, o lo que no tenía que suceder sucede, y acarrea un sentimiento de desaliento que incapacita. Existen entonces dos dimensiones: unos resultados y unos sentimientos. En consecuencia, el problema se esconde en los sentimientos, o sea, en la interpretación que hacemos de los estados emocionales producidos por el mal resultado y cómo los asociamos a nuestra identidad. Por eso, a veces, un mal resultado acaba siendo vivido como un déficit personal, como un fallo de nuestras capacidades y recursos. Un fracaso, en definitiva, por ser nosotros mismos, por ser como somos.

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Lo cierto es que puedes aprender de igual modo tanto en el éxito como en el fracaso porque el aprendizaje no depende tanto de la vivencia de ese momento como de la interpretación que tú haces de la misma. Es decir, es importante que reflexiones sobre tus fracasos y triunfos a nivel profesional, te hagas preguntas acerca de ellos, analices qué parte de responsabilidad has tenido cuando las cosas no han salido bien… Tener una actitud crítica y reflexiva te ayuda a vivir de una forma más consciente.

En este sentido, la escritura es una herramienta muy poderosa para sacar el máximo partido de todas estas vivencias. Por ello, puedes tener un diario profesional en el que escribir todos tus pensamientos, ideas y reflexiones porque todo aquello que queda por escrito queda fijado de una forma más viva en la mente. Pero además, puedes volver a releerlo en cualquier momento y te darás cuenta de que cada vez que lo vuelves a leer, encuentras unos matices distintos.

El fracaso te aporta la humildad suficiente para darte cuenta de que ningún éxito es eterno, por tanto, es mejor tener los pies en el suelo. El fracaso te enseña los errores del camino, esos fallos que no debes volver a repetir.

El éxito te enseña el trabajo y la constancia que se esconde detrás del mismo, nada es fruto del azar y de la casualidad. También te muestra los puntos positivos a mantener en tu camino profesional.

Fuente: Empresariados